Y me siento como princesa encantada,
Durmiendo gentilmente en la espera eterna,
Sin encontrad día alguno en el calendario,
Para que te convirtáis en mi príncipe azul,
Porque a veces siento que el amor no es suficiente.
Llorando a escondidas alejándome de todos,
Buscando aquella magia prohibida llamada soledad,
Esa extraña brujería con la que trato inútilmente,
Sintiéndome encerrado en la torre del silencio,
Soñando que vendrás a mí rescate.
Salvadme de este cautiverio autoimpuesto,
Sacadme de este foso de lágrimas heladas,
Liberadme de una vez por todas de este martirio,
Ayudadme o Matadme de una vez por todas,
Sin piedad ni misericordia alguna.
El veneno de vuestros labios es un vicio,
Una droga administrada por vuestra boca,
Que cual daga envenenada se hunde en mi cuerpo,
Y no encuentro armadura para protegedme,
Para bloquear vuestro cruel ataque.