
Mientras más alto se vuela, mas difícil se vuelve respirar, mientras más arde el fuego, más rápido se consume la leña, es una lógica que no necesita ser pensada con demasiado detenimiento, la vida no siempre dura lo que uno querría y en ocasiones los tropiezos no solo raspan las rodillas, esto es lo que aprende un dragón a lo largo de su vida, y sin embargo, hay momentos en que la flama que lleva junto a su corazón arde tanto que sin darse cuenta se daña el mismo, se lastima adentro y no puede hacer nada para aliviar ese dolor que ocasiono un previo sentimiento llameante, que por ir surgiendo poco a poco no se percato del daño que se ocasionaba el mismo, no, hasta el momento en que sus ojos vieron como su fuego lo quemaba, hasta que por sí mismo pudo ver que su cuerpo empezaba a arder, pero ya no vale la pena arrepentirse, solo se puede esperar una lenta cicatrización, que como siempre dejara una marca y una nueva llaga en un corazón que no se cansa de querer a pesar de ser lastimado por el ardiente sentimiento que pueda ocasionar.

